Abril 26, ¿un lugar común?
Abril 26 es una editorial que intenta rodear (con el propósito de evitarlas) palabras como «rescatar», «buscar» o «pescar», entre otras similares que suelen emplearse para describir la labor editorial. Aunque, finalmente, se rescate, se busque y se pesque.
Los lenguajes comercial, cotidiano y académico tienen en común que todos se arman (es decir, se constituyen y se preparan para la guerra) a partir de lugares comunes, de estructuras prefabricadas, de palabras «de cajón». Así, una descripción pragmática para exponer nuestra identidad editorial ante lectores y autores potenciales podría ser la siguiente: queremos publicar obras clásicas y contemporáneas; queremos publicar obras estilísticamente buenas, que esa sea su apuesta, la única que merece la pena; queremos obras que son y podrían llegar a ser imprescindibles, sea lo que sea que «imprescindible» signifique. También habría que mencionar que exigimos autenticidad y que creemos que el libro es un espacio de diálogo y reflexión. Todo esto nos alinea con la mayoría de las editoriales que aspiran a una mínima calidad literaria. Nosotros, por supuesto, somos una de ellas.
Ahora bien, ¿qué significa que una obra sea «imprescindible»? ¿O que sea, al menos, «buena»? En esta casa no lo sabemos ni pretendemos saberlo. Sin embargo, como no deja de ser una casa editorial, existe una especie de brújula del gusto; y esta es, precisamente, que las obras buenas para nosotros son aquellas que nos gustan. Este es nuestro gran acto de soberbia y de vanidad: el talento de saber aprovecharse del talento ajeno consiste en poder reconocerlo y afirmar de manera categórica, sin miedo al fracaso: «esa obra es imprescindible».
¿Por qué todos los lectores exigimos originalidad a los autores y no a los editores que deciden publicarlos? ¿Por qué no nos incomoda con la misma intensidad que un editor también se exprese a través de lugares comunes?
Nosotros amamos los libros, es cierto; creemos que, de algún modo, los libros son de lo más valioso que existe. Pero no porque se espere de ellos una luz de pensamiento, la creación de doctrina o la persuasión. Creemos en el placer de la lectura más allá de cualquier lección de vida, política o necesidad. El mundo siempre ha pendido de un hilo: el de la palabra. Y no creemos que los libros vayan a salvarlo.
Pero la verdad es que solo sabemos que algo nos gusta cuando lo leemos.